Autoestima y autoconcepto: cómo se construye la relación que tenés con vos mismo
La forma en la que te hablás, te exigís, te juzgás o te comparás no es casual. La autoestima no nace de la nada ni se sostiene solo con frases positivas: se construye a lo largo de la vida a partir de experiencias, vínculos y mensajes emocionales que fueron moldeando el concepto que tenés de vos.
Comprender cómo se forma la autoestima es el primer paso para dejar de castigarte internamente y empezar a construir una relación más sana con vos mismo.
¿Qué es la autoestima y qué es el autoconcepto?
Aunque suelen usarse como sinónimos, no son lo mismo.
El autoconcepto es la imagen que tenés de vos: quién creés que sos, cómo te definís, qué lugar pensás que ocupás en el mundo.
La autoestima es la valoración emocional que hacés de esa imagen: cuánto te aceptás, cuánto te respetás y cuánto te permitís ser humano.
Podés tener un autoconcepto muy claro y aun así una autoestima frágil si esa imagen interna está cargada de exigencia, crítica o culpa.
Cómo se forma la autoestima
La autoestima se construye principalmente en los vínculos tempranos, pero sigue moldeándose a lo largo de toda la vida.
Se forma a partir de:
La manera en que fuiste mirado, escuchado y validado emocionalmente.
Las exigencias explícitas o implícitas que recibiste.
La forma en que se respondía a tus errores, emociones y necesidades.
Las comparaciones, expectativas y juicios que se repitieron en tu entorno.
Cuando el amor estuvo condicionado al rendimiento, al comportamiento o a “no molestar”, muchas personas aprendieron que debían exigirse, adaptarse o postergarse para ser valiosas.
Autoexigencia, culpa y comparación: los grandes enemigos de la autoestima
La baja autoestima no siempre se manifiesta como inseguridad visible. Muchas veces aparece disfrazada de hiperexigencia.
Autoexigencia constante: sentir que nunca es suficiente, que siempre falta algo más por hacer o mejorar.
Culpa emocional: castigarte por sentir, poner límites o priorizarte.
Comparación permanente: medir tu valor en función de los demás, minimizando tus propios procesos.
Estas dinámicas no nacen del amor propio, sino del miedo a no ser suficiente, a fallar o a ser rechazado.
Construir una relación más sana con uno mismo
Trabajar la autoestima no implica inflarse el ego, sino aprender a relacionarte con vos desde el respeto y la comprensión.
Algunos pilares fundamentales:
Reconocer tus emociones sin juzgarlas.
Diferenciar exigencia de compromiso saludable.
Aprender a hablarte con el mismo respeto con el que tratarías a alguien que amás.
Soltar la idea de que tenés que ser perfecto para merecer.
Una autoestima sana no elimina las dudas, pero te permite sostenerte aun cuando aparecen.
La autoestima también se entrena
La relación con uno mismo es un vínculo vivo. Puede revisarse, repararse y transformarse.
Acompañar estos procesos desde un espacio terapéutico permite:
Identificar creencias inconscientes que dañan tu autovaloración.
Sanar la culpa asociada al autocuidado.
Construir un autoconcepto más real, humano y compasivo.
Porque no se trata de “quererte más”, sino de dejar de tratarte mal.